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La revolución neolítica
Oficialmente, República Federativa do Brasil. Estado de América del Sur, que limita con todos los estados sudamericanos, salvo Ecuador y Chile (con la Guayana Francesa, Guyana, Surinam y Venezuela al N.; Colombia al NO., Perú y Bolivia al O., Paraguay al SO. y Argentina y Uruguay al S.). 8.511.996 km2; 183.888.941 habitantes (2008). Capital, Brasilia. Régimen político: república federal, formada por la unión de 26 Estados Federados y por el Distrito Federal, divididos en 5.564 municipios de carácter presidencialista. Lengua oficial: portugués. Moneda: Real. Religión: católica (mayoritaria), protestante, animista, hebrea y musulmana.
El Renacimiento italiano en el siglo XV
El humanismo del siglo XIV trajo consigo un deseo de hacer revivir la mentalidad clásica. Petrarca, escribiendo cartas a Homero, quería asemejársele en lo posible; Cola di Rienzo, admirando a Bruto y César, creía ser más romano que los próceres que le observaban desde las siete colinas. Pero Rienzo y Petrarca eran menos griegos y menos romanos precisamente porque querían romanizarse o helenizarse. Este sentido arqueológico de la vida, esta erudición del Renacimiento, no tenían nada de clásico. Como dirá Goethe, “los antiguos eran modernos cuando vivían”. Sin embargo, el espíritu humano a veces hace sus mayores progresos por los más extraviados caminos.
La caída de Roma. Atila
Generalmente se ha descrito el hecho histórico de las invasiones bárbaras como una avalancha de pueblos germanos que, rebasando las fronteras del Rin y del Danubio, invadieron simultáneamente las provincias occidentales del Imperio. Algo de verdad hay en esto, pero la entrada de los germanos en tierra del Imperio no sobrevino de una vez ni violentamente. Se acostumbra también a decir que las invasiones produjeron un estado de anarquía...
Cristóbal Colón. Magallanes y la vuelta al mundo
Hacer un relato detallado de la vida de Cristóbal Colón –especialmente de sus primeros años– constituye una difícil empresa a pesar de (o quizás a causa de) los miles de libros dedicados a estudiar la figura del genial navegante. En cambio, la trayectoria histórica del descubridor y de sus empresas, en sus aspectos fundamentales, aparecen hoy bastante claros. La versión oficial afirma que Cristóbal Colón nació en Génova entre el 25 de agosto y el 31 de octubre de 1451, aunque existen múltiples teorías que abogan por el origen catalán, francés e incluso griego del navegante. De acuerdo con la tesis sobre su origen genovés, era hijo de Doménico Colombo y Susana Fontanarrosa. Su padre había sido tejedor de lana y se dedicó, más tarde, al comercio de quesos, paños y vinos. Durante sus primeros años vivió en su ciudad de origen, y en 1470 se trasladó, junto con su familia, a Savona. Cinco años después es posible que navegara a la isla de Chíos al servicio de los Spinola y los Di Negro, ricos mercaderes genoveses...
 
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  • El Renacimiento italiano en el siglo XV

    El humanismo del siglo XIV trajo consigo un deseo de hacer revivir la mentalidad clásica. Petrarca, escribiendo cartas a Homero, quería asemejársele en lo posible; Cola di Rienzo, admirando a Bruto y César, creía ser más romano que los próceres que le observaban desde las siete colinas. Pero Rienzo y Petrarca eran menos griegos y menos romanos precisamente porque querían romanizarse o helenizarse. Este sentido arqueológico de la vida, esta erudición del Renacimiento, no tenían nada de clásico. Como dirá Goethe, “los antiguos eran modernos cuando vivían”. Sin embargo, el espíritu humano a veces hace sus mayores progresos por los más extraviados caminos. Para conocer a aquellos griegos y romanos, admirables capitanes, estadistas y poetas, hacía falta desenterrar mármoles y descifrar manuscritos, aprender lenguas muertas, estudiar, investigar y comparar. Y he aquí el verdadero renacimiento: no de lo que renació (que no renació nada), sino de las facultades puestas en juego para hacer renacer, que se avivaron con aquel esfuerzo de la mente...
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  • En el umbral mismo de nuestra civilización occidental, dos grandes monumentos literarios sorprenden el ánimo por su magnitud y belleza: son las dos epopeyas griegas la Ilíada y la Odisea, atribuidas desde la antigüedad a un bardo llamado Homero. Los antiguos nos dejaron solamente biografías fantásticas del poeta. Creyeron, eso sí, en la existencia de un cantor de profesión y ciego de nacimiento llamado Homero...
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